Bueno, toda presentación es buen pretexto para iniciar amistades sólidas, por lo que espero éste sea el caso. Cordialmente
Jaime Velázquez
Hca. Veracruz, a 4 de mayo de 2010
Apreciados Editores y Poetas
Anoto mis datos, a manera de identificación de quien les escribe.
Jaime Velázquez, n. en el D.F., 1951. Estudió Letras Hispánicas en
La revista Cultura de Veracruz publicó (Xalapa, abril de 2009) el texto de mi conferencia “Los años recientes en la literatura veracruzana”, dictada en el Museo de
Al leer la presentación de Adriano Rémura en el libro 40 Barcos de guerra encontré una cita de Miguel Ángel Flores de 1984 (Memorias del Tercer Encuentro Nacional de Jóvenes Escritores; Ediciones de
Miguel Ángel Flores no dijo nada del editor, Fernando Tola, ya que sin Premia no habrían sido publicadas las obras de un buen número de escritores. Quiero referirme ahora a algo que, treinta y cinco años, después, quizás cuarenta, ya debería ser parte de los libros de historia de la literatura mexicana, si existen. Estoy seguro que la etapa más reciente de esta historia empezó meses antes de una exposición nocturna que hubo en
Allí encontré a los jóvenes que estaban publicando la revista El Zaguán, que surgió en Coyoacán, DF, en casa de Manuel Ulacia, donde aún vivía Concha Méndez, esposa de Manuel Altolaguirre, y donde pasaba temporadas Luis Cernuda. Allí andaba Luis Roberto Vera, un exiliado del golpe militar en Chile (lo que nos da una fecha: 1973), y otros, como Roberto Vallarino, que trabajaba en un periódico nuevo, unomásuno, que empezó en Mixcoac y luego se trasladó a la colonia Nochebuena, cerca de la plaza de toros México. Pero estaban otros entusiastas poetas y editores, como Rafael Vargas, que últimamente escribe artículos en Proceso. Manuel, nacido en 1956, estudió en Yale, Nueva York y era director de
Miguel Ángel Flores menciona en su ponencia el libro de Gabriel Zaid, Asamblea de poetas jóvenes de México (Siglo XXI Editores, 1980). Zaid tuvo la idea de este libro al ver la cantidad de poetas nuevos que estaban publicando libros y en periódicos y revistas en esos años. Un antecedente político fue el conocido caso de Julio Scherer, que tuvo que dejar el periódico Excélsior y que fundó Proceso; mismo suceso que dejó a la deriva la revista Plural, que fue retomada por los poetas del grupo La espiga amotinada, y que propició la fundación de Vuelta y de unomásuno, lo que aporta más fechas.
Pero hay otros libros que tomar en cuenta, aparte del de Cohen: Poetas de una generación (1940-1949), de Jorge González de León (UNAM, 1981), y Poetas de una generación. 1950-1959, (Premia, UNAM, 1988), de Evodio Escalante. Todo esto, por lo visto, lleva a pensar que lo que haya sido que pasó en los años setenta, de allí surge la primera parte de la historia que estamos viviendo y que compartimos.
Al elaborar la gráfica de los poetas incluidos en el libro proyectado por Adriana Tafoya, encontré que hay 54 poetas nacidos entre 1951 y 1969, y 83, entre 1970 y 1989. Esto me dice que el desarrollo de la poesía mexicana ha sido muy lento. De hecho, si en el año 1985, el del terremoto, nacieron nueve personas que devendrían poetas, en 1988 no nació ninguno y en 1989 apenas dos, igual que en los años 50, 54, 56, 60, 61, 63, 75. Otros datos relevantes son que por lo menos diez poetas estudiaron Letras en
La vida depara sorpresas. Pensé que conocía a todos los poetas nacidos en la ciudad de Veracruz y en el libro Barcos de guerra encontré uno, César Rodríguez Diez, que estudió en Monterrey y que supongo no vive en Veracruz. Una explicación sería, quizás, que después de la publicación del libro de Zaid hayan empezado a publicar otras personas nacidas en los años cincuenta, que no están en el libro que publico en 1980 y que ahora fueron localizados por los Barcos de Guerra.
La intención de este comunicado es felicitarlos, pero también animarlos para que escriban sus historias pues, como apuntó Adriano Rémura al citar a Fernando Reyes: “si las antologías no las hacen los mismos poetas, entonces ¿quién las va a hacer?”. Porque a las antologías siguen las historias, digo: les toca a los poetas escribir sus biografías y también la crónica de sus travesías, si no, ¿quién las va a hacer? No bastan las pequeñas fichas biobibliográficas, aunque haya que evitar las “fichas” que ocupan demasiadas páginas y que ponen incluso la fecha en que se les cayó el primer diente.
Algo de lo que recordé arriba corresponde a una historia desgraciadamente centralista (conté a 67 poetas nacidos en el D.F., el 40 por ciento de los Barcos, que incluyó a un 30% de poetas mujeres) y que genera una cuestión aún pendiente: ¿qué pasaba fuera del DF? Hay que contarlo, antes de que nadie recuerde los orígenes. En el resto del país las intrigas del mandarín Octavio Paz también hicieron daño.
Lo demás, que dejo suelto aquí, es descubrir la manera de que aumente la producción de poesía, para impresionar a los poetas primitivos, como Díaz Mirón, que sólo publicó un libro en su vida, en una ciudad que sólo recuerda a otro poeta de esos años, al papá de Salvador, Manuel. El libro de Salvador tuvo la ayuda del gobernador Dehesa, el mismo que becó al joven Diego Rivera y antepasado del Germán Dehesa que de profesor de literatura en
Con un saludo cordial
Jaime Velázquez
PD. Lamento la mala costumbre de algunos protagonistas que no pusieron la fecha de su nacimiento, dificultan la tarea de comprensión con un gesto inútil. La presentación del libro Barcos de guerra en Veracruz fue el jueves 29 de abril de 2010, en


